Teratoma sacrococcígeo

Los tumores fetales ocurren muy raramente. De ellos, los tumores sacrococcígeos son los más frecuentes. Estos tumores no suelen ser malignos en los neonatos y tienen un buen pronóstico, si pueden extirparse correctamente.

El teratoma sacrococcígeo es un tumor benigno que sale del extremo del cóccix y que en algunos casos, durante el embarazo ya tiene un tamaño tan grande que una insuficiencia cardiovascular intrauterina provoca la muerte del feto. La única posibilidad terapéutica consiste en la extirpación prenatal de este tumor.

Mediante una exploración ecográfica se pueden diagnosticar estas malformaciones. En la imagen se observa a la izquierda la columna vertebral (WS) y a su lado el gran tumor en los glúteos (S). Dado que estos tumores pueden llegar a tener un tamaño enorme, suponen una gran carga para el sistema circulatorio del bebé. Por consiguiente, el pronóstico depende también de si el corazón tiene la capacidad necesaria para mantener correctamente sus funciones de bombeo.

Los fetos con un teratoma sacrococcígeo nacen por cesárea para evitar lesionar el tumor, lo que provocaría en la mayor parte de los casos una fuerte hemorragia. Tras el parto, el tumor se extirpa quirúrgicamente (1). En raras ocasiones, el tumor crece tanto durante el embarazo que el corazón no logra mantener la circulación sanguínea. En tales casos, se puede intentar realizar una intervención quirúrgica fetal para extirpar el tumor. Con esta intervención se aumentan las probabilidades de supervivencia del feto (2).

El resultado varía considerablemente y depende del tamaño del tumor. Además, en esos casos es importante determinar qué estructuras anatómicas se han visto afectadas por el tumor.